¿Por qué los robots realistas nos provocan rechazo?

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Los robots con características humanas, nos suelen parecer más atractivos que los que se parecen a las máquinas convencionales.

Pero solo hasta cierto punto.

Las personas comienzan a sentir inquietud cuando los robots son casi realistas. El sentimiento de afinidad con el robot puede sumergirse en uno de repulsión a medida que aumenta la semejanza humana de un robot, una zona que es conocida como “el valle inquietante”.

La revista Perception publico nuevos conocimientos acerca de los mecanismos cognitivos subyacentes a este fenómeno realizados por psicólogos de la Universidad de Emory.

Desde que se describió por primera vez el valle inquietante, se desarrolló una hipótesis común para poder explicar este fenómeno. Es conocida como la teoría de la percepción mental, ya que propone que cuando las personas ven un robot con características similares a las humanas, automáticamente la agregan una mente o conciencia. Una sensación cada vez mayor de que una máquina parece tener una mente conduce a la sensación espeluznante, según esta teoría.

“Descubrimos que es todo lo contrario”, dice Wang Shensheng, primer autor del nuevo estudio, quien hizo el trabajo como estudiante de posgrado en Emory y recientemente recibió su doctorado en psicología.

 “No es el primer paso para atribuir una mente a un androide, sino el siguiente paso para ‘deshumanizarlo’ al restarle la idea de que tiene una mente que conduce al valle inquietante. En lugar de un proceso de una sola vez, es un proceso dinámico uno.”

Los hallazgos tienen implicaciones tanto para el diseño de robots como para comprender como nos percibimos como humanos.

“Los robots están ingresando cada vez más al dominio social para todo, desde la educación hasta la atención médica”, dice Wang.

 “Cómo los percibimos y nos relacionamos con ellos es importante tanto desde el punto de vista de los ingenieros como de los psicólogos“.

“En el centro de esta investigación está la cuestión de qué percibimos cuando miramos una cara”, añade Philippe Rochat, profesor de psicología de Emory y autor principal del estudio.

 “Es probablemente una de las preguntas más importantes de la psicología. La capacidad de percibir las mentes de los demás es la base de las relaciones humanas”.

Esta investigación nos puede ayudar a desentrañar los mecanismos involucrados en la ceguera mental que nos produce la incapacidad de distinguir entre humanos y máquinas.

Los coautores del estudio incluyen a Yuk Fai Cheong y Daniel Dilks, ambos profesores asociados de psicología en Emory.

Antropomorfizar, o proyectar cualidades humanas sobre objetos, es común.

 “A menudo vemos caras en una nube, por ejemplo”, dice Wang.

“A veces también antropomorfizarnos máquinas que estamos tratando de entender, como nuestros autos o una computadora.

Sin embargo, el asociar el nombre de un vehículo o imaginar que una nube es un ser animado no se asocia normalmente con un sentimiento extraño, señala Wang, Eso lo llevó a planear la hipótesis de que puede ocurrir algo más que antropoformizar al ver un androide.

Para lograr desentrañar los posibles roles de la percepción mental y la deshumanización en el fenómeno del valle inquietante, los investigadores llevaron a cabo experimentos centrados en la dinámica temporal del proceso. A los participantes se les mostraron tres tipos de imágenes: rostros humanos, y se les pidió que se calificaran a cada uno por su animicidad o “vitalidad percibida”. Los tiempos de explosión de las imágenes se manipularon sistemáticamente, en milisegundos, ya que los participantes calificaron su animación.

Los resultados mostraron que la animicidad percibida disminuyó significativamente en función del tiempo de exposición para las caras de los androides, pero no para las caras de robots o humanos de aspecto mecánico. Y en las caras de androides, la animación percibida cae entre 100 y 500 milisegundos de tiempo de visualización. Ese momento es consistente con investigaciones anteriores que muestran que las personas comienzan a distinguir entre rostros humanos y artificiales alrededor de 400 milisegundos después del inicio del estímulo.

Un segundo conjunto de experimentos manipulo tanto el tiempo de exposición a las imágenes como la cantidad de sus detalles, desde un boceto mínimo de las características hasta una imagen completamente borrosa. Los resultados mostraron que la eliminación de detalles de las imágenes de las caras de los androides disminuyo la animicidad percibida junto con la inquietud percibida.

“Todo el proceso es complicado, pero ocurre en un abrir y cerrar de ojos”, dice Wang.

 “Nuestros resultados sugieren que a primera vista antropomorfizamos un androide, pero en milisegundos detectamos desviaciones y lo deshumanizamos. Y esa caída en la animicidad percibida probablemente contribuye a la sensación extraña”.

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