Que nos digan algo malo duele, aunque lo diga un robot

En el estudio, se llevó acabo una charla en la que los robots decían expresiones como: “eres un jugador terrible” o “te has confundido mucho en el juego”


En el transcurso del juego, el robot Pipper —robot humanoide— hizo que los integrantes del estudio tuvieran un menor desempeño y que se desanimaran, pero cuando los alentaba también aumentaba hacia que aumentaran su estado de ánimo.

El autor principal de estudio, Aaron M. Roth, dijo que algunos de los 40 participantes del estudio entendían completamente que una maquina era la fuente de su incomodidad.

“Un participante dijo: ‘No me gusta lo que dice el robot, pero esa es la forma en que fue programado, así que no puedo culparlo'”

 

Pero los investigadores se dieron cuenta de que en general, el rendimiento humano disminuía independientemente de la sofisticación técnica

El estudio fue presentado el mes pasado en la Conferencia Internacional IEEE sobre robots y comunicación Interactiva humana (RO-MAN), en Nueva Delhi, India, es una desviación de los estudios típicos de interacción humano-robot, que suelen centrarse más en como los humanos y los robots suelen trabajar juntos.

Este es uno de los primeros estudios de interacción humano-robot en un entorno donde no están cooperando“, dijo el coautor Fei Fang, profesor asistente en el Instituto de Investigación de Software.

“Podemos esperar que los asistentes domésticos cooperen”, dijo, “pero en situaciones como las compras en línea, es posible que no tengan los mismos objetivos que nosotros”.

El estudio fue consecuencia de un proyecto estudiantil de métodos de Inteligencia Artificial para el bien social, un curso que enseña Fang. Los estudiantes quisieron explorar otras en las interacciones de humanos y robots, creando un juego en el que los humanos competirían contra un robot en un juego llamado “Guardias y Tesoros”

Cada participante jugó el juego 35 veces con el robot, teniendo que escuchar palabras de motivación por parte de el robot, o palabras que a nadie le gusta que le digan. En el juego se dieron cuenta que conforme iban jugando con el robot la racionalidad de los jugadores aumentaba, pero también desalentaba a algunos jugadores cuando les decía alguna critica.

Este estudio nos muestra que de alguna manera también nos afecta a nuestro estado de ánimo lo que opina o dice un robot sobre nosotros. Esto podría favorecer la motivación en el trabajo y como uso de tratamiento para la salud mental.

En palabras de Roth —ahora un Ph.D. estudiante de la Universidad de Maryland— Piensa que el trabajo futuro debería centrarse en las expresiones no verbales entre robots y humanos.

 

Enlace de referencia

Deja un comentario